Feliz Año Nuevo (en febrero)

Antes de empezar por aquí, me gustaría aclarar algo. Yo no soy de propósitos de Año Nuevo. Tanto, que ya no es ni Año Nuevo. De hecho, para mí el nuevo año sigue empezando en septiembre. Será por culpa de mis recuerdos anclados, pero yo la llegada de un nuevo año o de una nueva etapa no la asocio con las uvas ni el confeti. Para mí tiene olor a forro de libros, cuadernos a estrenar y calcetines azul marino nuevos.

Por eso, no he querido tomarme esto como un propósito de Año Nuevo porque esos, seamos sinceros, no se cumplen. Al menos yo, que arrastro mi propósito de mejorar inglés y sacarme el jodido carnet desde casi ese tiempo de los calcetines del uniforme. Pero aquí estoy, rompiendo este nuevo espacio en blanco y, casualmente, a un paso del Año Nuevo chino.

A lo mejor, es que yo voy con cambio horario o es que soy más oriental. Pero este nuevo espacio va a comenzar a la vez que el año del cerdo. Sí, un animal que voy a asociar conmigo y no es el dragón, el unicornio o un mega tigre. Es un cerdo. Pero bueno, por otra parte, dos cosas sé del cerdo: que del cerdo se aprovecha todo y que su inteligencia es mayor que la de un niño humano de tres años de edad. (Sí, estos dos conceptos, no deberían estar en la misma frase. De aquí al veganismo, un paso).

No sé si es por el Año Nuevo chino, por el cerdo o por qué. Pero empieza una nueva etapa para mí. No hay olor a libros nuevos del cole, pero sí hay páginas nuevas. Las de este lugar. Que quiero que esté salpicado de letras y de lirios (¿o eran delirios? Ya se verá cómo termina siendo o cómo terminas llamándolo).

Aquí estoy, escribiendo entre cajas, entre libros acumulados durante años, entre papeles y entre el caos que supone una mudanza. Porque, además de mudar aquí mis pensamientos y mis palabras, también me traslado físicamente. A un nuevo lugar con luz a raudales, con ascensor de jaula antiguo y con un jardín abandonado. Puede que de ahí salgan historias nuevas. O puede que despierten las que ya están.

Quiero y espero poder ir contándolo en este nuevo cajón donde pretendo guardar mis relatos, mis apuntes y mis ideas. No es un propósito, es una verdad. Porque como el otro día dijo Sol Aguirre: «Aquí hemos venido a ser felices». Y romper el blanco de esta nueva página me hace muy feliz. Gracias por recordármelo, Sol (de invierno).

Sólo puedo terminar diciendo que bienvenidos/as. Y claro: ¡Feliz Año nuevo! (Del cerdo o del ornitorrinco, de lo quieras).

4 comentarios en “Feliz Año Nuevo (en febrero)

  1. Me encanta como comienza esta nueva aventura, leerte es un placer.

    Curiosamente soy de propósitos de año nuevo, de los incumplidos. Una ilusa que si no realiza su listado piensa que ya ha fracasado antes de comenzar el año y que, en realidad, lo único que hace es prolongar lo inevitable .
    Quizás esta ilusa necesita 365 días de oportunidades, 365 días infinitos…

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    • Blue, mil gracias por leer este nuevo cuaderno de garabatos.
      Espero que esas 365 oportunidades estén llenas de éxitos y de fracasos (porque los fracasos también son importantes y no siempre hay que rechazarlos). Ojalá vayas tachando parte de tu lista y que cumplas lo que te propongas.
      Te espero de nuevo por aquí.
      Mil gracias.

      Un abrazo azul.

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