Tu otoño

Decías que era tu otoño.

Que el cuerpo lo tenía relleno de hojas crujientes.

Que mis ojos estaban caídos como las hojas, que se dejan mecer hasta caer.

Que mi alma te saciaba la sed como lluvia fría.

Decías que era tu otoño.

Porque llegué (y llegaba) despacio.

Porque había aparecido tras un verano ardiente.

Porque reencontraste el gusto por estar bajo una manta y no requemándote por el sol.

Fui tu otoño.

Lleno de hojas caídas, con el único fin de embellecer y crear un ejército de árboles desnudos para dominar el mundo.

Tu otoño. Tu valle dorado.

Y cuando te marchaste, llegó el invierno.

Abandonaste mi valle, mis laderas y mis cumbres. Me dejaste cubierta de escarcha.

Sé que te marchaste para buscar de nuevo un verano ardiente.

Así que no, no me digas que yo te olía a primavera.

Era otoño y la lluvia llenaba mi valle.

4 comentarios en “Tu otoño

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