Mi primer amor fue la palabra

Mi primer amor fue la palabra.

Porque con ella vi la forma de saciar la sed, de decir lo que quería, lo que amaba y lo que temía.

Mi primer amor fue la palabra.

Palabras que mi garganta maceraba como en una marmita y yo agitaba con la mente. Al principio con mimo, pero luego pasé a hacerlo con fuerza. Amasé con las manos, con las vísceras, con la rabia y con la prisa.

Me acostumbré a que de mi boca empezasen a brotar.

Palabras simples y pequeñas como margaritas. Pero tantas, que terminaron dibujando campos.

Dejé de llorar para pedir, porque descubrí que clamar con palabra me era más placentero.

Más tarde llegó el verbo, que me hizo entender el mundo y a mí.

Aprendí a diferenciarlo que sentía, lo que necesitaba y lo que quería.

Y luego, llegó el momento de dibujar mis amores. Sus formas de montañas y valles. Con trazo grueso y tembloroso. Marcando el lápiz con fuerza, dejando la marca de mi amor no sólo en el papel, también en cualquier parte. Mostrando mis anhelos, mis ganas, mi mundo pequeño. La exhibición de mi primer amor sin pudor.

Por eso, aunque dude, aunque me sienta mediocre, inútil y vana, tengo la certeza de que mi primer amor fue la palabra.

Un amor con las raíces agarradas a las tripas, que crece hasta hacerse clavel en mi boca, hasta que sus ramas se vuelven venas en mis manos.

 

 

Imagen: Pexels

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