Luna

Miro al cielo y veo a una nube parir una luna hermosa, redonda y blanca como una hostia consagrada.

Y abro la boca y ofrezco mi lengua al cielo para que mi paladar toque al astro, pero no puedo tener una comunión celeste.

Porque no nací de la tormenta.

Nací de carne y de sangre, de amor y dolor.

Por eso he de comulgar en cuerpo, en piel y en sudor.

Pero aunque soy mediocre, aunque soy nadie, aunque soy nada, puedo decir que he visto nacer a la luna.

Parida de una nube preñada, grande y oscura. Mírala, orgullosa y reina del mundo.

Ha venido para iluminarnos, para bañarnos de luz.

Ha venido para salvarme de mi mirada vulgar.

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